Pastoverde08


Soy el mismísimo Parme, cabrones

lunes, enero 17, 2005

Soy el mismísimo Parme, cabrones

¿Por qué el amor es la meta inmediata de los adolescentes?

Y decir adolescente me duele mucho, como mucho me costó y dolió leer el Rey Criollo, de Parménides García Saldaña. Me dolió, porque en textos como “No te adornes, no te adornes”, refleja el adolescente que no soy y una parte superflua de mí quisiera ser. No quiero ser la nalga de alguien, pero me encantaría invadir con un estúpido amor estudiantil el terreno de la sexualidad sin responsabilidad.
Mentira, no me gustaría. No me gustaría ser un adolescente idealizado a la García Saldaña, ni tener una sexualidad irresponsable… pero me gustaría tener problemas de mi edad, ser estúpida en la vida, pero saber decir “Hoy terminé un libro y me dolió” en inglés o francés, porque mi escuelita me enseña mucho y yo sé aprovechar las clases y soy la envidia de todos por mis buenas calificaciones. Me he quejado de la adolescencia repetidas ocasiones, me he achacado el término adolescente y, en silencio, solo en mi cabeza, me digo que todavía soy una niña. No tengo una crisis de identidad ni de personalidad ni existencial como creí. Solo que… como dice Dant, soy todo, y a la vez no soy nada.

Soy una niña, porque se me nota en la cara, porque tengo necesidad de cariño, y esa necesidad es mayor a la muchos creen, porque soy sensible y mi solución perfecta y aún funcional es “no quiero, porque no quiero y no lo voy a hacer”. Porque todavía tengo curiosidad, porque Bellas Artes me maravilla y porque todavía queda una fibra que quiere comprar el set del salón de belleza de Barbie o una Brat.
Soy adolescente, porque tengo conflictos de sentimientos e impulsos. Sobre todo por la inexperiencia en lo común.
No diré que soy una mujer, pero estoy conciente de que algunas ocasiones no soy ni adolescente, ni niña, por mi experiencia en lo no común, por la frivolidad que debo adoptar ante ciertas situaciones que no se pueden tomar con la cabeza caliente, ni con preguntas. Solo actuar, lo mejor posible porque de eso depende el futuro, y luego pensar, o remediar. Por lo simple (y bonita) que me resulta la vida (aunque algunas personas digan que me complico mucho). Por las preocupaciones también a veces no soy ni niña, ni adolescente. Y sobre todo esa úlcera que tengo en la garganta de estrés, es producto del miedo, de la incertidumbre, de la frivolidad, los impulsos sentimentales y la necesidad de cariño, todo a la vez.
Es como si en esa úlcera se reuniera todo lo que fuí, lo que soy, y lo que seré, al mismo tiempo.

Cuando leo algo, como dijo un personaje del Marqués de Sade, trato de ser cada villano, cada prostituta, cada narcotraficante, cada adolescente, cada mago y madre y amante y novio, porque, de no serlo, ¿cómo es que podría conservar la cordura para seguir viviendo? ¿cómo podría saber lo que es el mal, cuando no sé lo que es el bien? Dicho en otras palabras ¿cómo podría saber lo que soy, cuando no sé qué es lo que no soy?

Tal vez… no daría nada por ser una niñita estúpida con el uniforme bien planchado, las calcetas blancas hasta arriba y un novio de 17 años, y ser la sensación por andar con alguien dos años mayor que yo. Veo mi vida desde un paréntesis, como si mi vida fuese algo mínimo, como si no fuese algo que valga la pena, pero ésas son palabras grandes, de peso, que me hacen sentir culpable… sí, bien, bueno, sí, mi vida vale la pena, me gusta, tiene su complejidad y su chiste, su peculiaridad y sus desventajas. Está bien que no sea una clásica adolescente, porque si lo fuera, encontraría la manera para dejar de serlo.

Tengo la mala costumbre de pedir prestados los recuerdos. Robar recuerdos, acordarme de lo que el otro se acuerda cuando oye ésa canción, pensar como piensa esa persona. Es… algo, algo que si no se sabe manejar fracasa y de paso me hace naufragar. ¿Qué caso tiene entristecerme por la razón de que sé lo que estás pensando? Ninguno ¿es que soy masoquista? No. Para conocer la felicidad, hay que conocer la tristeza.

No me gustó El Rey Criollo, de Parménides García Saldaña. Es el libro que más trabajo y pensamientos me ha costado. ¿Cómo será cuando lo vuelva a leer? Apuesto que será mínimo en un año.

PD. Qué pena de la ortografía del post pasado, puedo argumentar que estaba bajo los efectos de los polvos mágicos que me recetó la Monet. Prometo contestar los comentarios hoy mismo (del post pasado, y el antepasado y corregir la ortografía del otro post). Por cierto… jajajajaja, los medicamentos que me dieron tienen base de arsénico!!!… supuestamente por el fijador, y fué usado en dosis muy pequeñas. O sea que no estaba tan equivocada.

Fuente original:

http://elpaisdelasmaravillasdementes.blogspot.com/2005/01/soy-el-mismsimo-parme-cabrones.html

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